Trabajo con la inestabilidad de la imagen digital: aberraciones cromáticas, distorsiones, píxeles muertos y compresión agresiva. Desde ahí exploro el cruce entre lo pictórico y lo tecnológico, produciendo fotogramas neopictóricos donde el interés no está en lo que la imagen representa, sino en cómo está construida: capas de color, ruido digital, compresión y textura superficial, entendidos como elementos formales y no como defectos. Estas imágenes dialogan con el pictorialismo fotográfico desde una mirada contemporánea y con tradiciones pictóricas como el impresionismo y ciertas derivas del romanticismo, especialmente en su relación con lo bucólico y la atmósfera.

Al tomar estas fotografías, parto de la idea de que una imagen poco clara o atravesada por el error visual amplía el campo de interpretación. Son imágenes abiertas, que no cierran un sentido único y permiten que el espectador complete, imagine y proyecte sus propias narrativas. En ese encuentro, la imagen deja de ser un objeto cerrado y se vuelve una construcción compartida, que se activa y se transforma en la mirada del otro.